Costa Brava, Excursion
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Fijamos la Atención a Todo – Tour en Moto de Sant Feliu de Guíxols hasta Tossa de Mar

Cuándo pensamos en un road trip, la mayoría de nosotros lo conecta con el sentimiento de libertad. La libertad de dejar la vida cotidiana para cientos de kilómetros, la libertad de explorar cosas nuevas, la libertad de la autodeterminación. Además, podríamos pensar en un coche caravana equipado, en una combi recargada o en un Fiat alquilado en el lugar donde estamos sin aire acondicionado.

Nuestro viaje, por el contrario, empezó este mañana soleada con nuestro moto tan cargado. ¿Cómo podría ser diferente en esta region que está conocido por motociclistas como una de las regiones más interesantes y bonitas en todo Europa? 

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Por eso, cambié mi idea de un asiento de copiloto tan cómodo con mucho espacio para las piernas y música alta del radio por ropa impermeable, un trayecto con muchas curvas y mucha rapidez. Una prueba para mi que, como soy mimada de carreteras nacionales y para mi acompañante que ya había ido 1.500 kilómetros en moto para llegar al bonito Empordà – justamente una aventura.

Muy pronto nos apercibimos que cada kilómetro y algunas circunstancias enervantes han valido la pena. La Suzuki zumbaba en sus sonidos más bonitos y no sólo su depósito lleno, sino también la calle panorama tan famosa entre Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar nos daban alegría.

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Tomábamos la C-31 hasta Begur dónde queríamos hacer un descanso en las bahías alrededores. Desde aquí, una calle pequeña pero muy aventurera nos llevaba al pueblo  que impresiona por su agua azul celeste y una playa de grano fino. Sólo con dificultad nos podíamos apartar de esta vista y de nuestro helado tan agradable, pero el pensamiento y la alegría previa en el próximo trayecto se puso más grande.

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La carretera nacional, acompañada con el moto zumbado, nos llevaba a Sant Feliu de Guíxols – una ciudad que se amontona con sus colinas y su paisaje rocoso sobre el Baix Empordà y la Comarca La Selva. Respetuoso, el pensamiento al trayecto inminente se empujaba en mi cabeza.

Unas urbanizaciones y un señal indicadora de población más, ya me encontré con el corazón palpitado en el medio de un trayecto amplio. Estaría en deuda de mi excitación o mi alegría, mi agarre se puso más sólido y mi percepción más clara. El panorama se extendía enfrente de mis pies con sus calles con muchas curvas, enmarcadas por las montañas y acompañado con una vista amplia por el mar. Una vista que brillaba tan bonita y ilimitada, que no sólo me daba el sentimiento de la libertad, sino también pasaba volando los 25 kilómetros hasta Tossa de Mar tan rápido. Innumerables apeaderos y un trayecto tan libre de coches nos permitían algunos descansos y inducían algunos soñares despiertos.

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Después de cada curva, quería saber de nuevo que va  a esperarme – si fuera una vista hacia abajo de las bahías, la vista a un paisaje rocoso o una villa dominando en las montañas. De esta manera, mi respeto del principio se convertía en admiración y fascinación.

No podía acabar de imaginar como sería comprarme un billete más para una vuelta individual para esta forma de atracción.

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