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El camino al silencio – excursión a los pueblos

Casa tradicional con flor

Temprano por la mañana, en un día de abril, tomamos el camino al silencio. Se puede encontrarlo sólo algunos kilómetros de la playa, en los pueblos medievales del Empordà. Aquí, el tiempo pasa más lento.

Buscando la tranquilidad

En un Mercedes viejo serpenteamos por grandes prados y olivars, pasando un rebaño de ovejas. Sobre nosotros está la infinidad del cielo azul del sur. Hoy, la divisa es menos velocidad es más: más impresión, más experiencia, más placer. Siempre en línea, siempre localizable – hoy no estamos. El mundo gira más rápido cada día, tiempos de tranquilidad son raros. Por eso, es muy importante descubrir el silencio nuevamente. Nuestro programa hoy: desaceleración. El estrés es cosa de ayer. Hoy no tenemos prisa. Callejeamos con despacio por las calles tranquilas, paisajes solitarios y pasamos la siesta entre muros antiguos de románticos lugares medievales.

casa con ventana azul

En nuestro camino al silencio, nos impresionan los callejones y casas tradicionales de los pueblos.

Un lugar mantenido en silencio

Uno de estos lugares se llama Vulpellac. Aquí destaca el castillo, construido entre los siglos XIII y XVI, que sobresale de los techos torcidos de las casas. La iglesia anejada era antes la capilla del castillo. Admiramos plantas trepadoras floridas y grandes limoneros. Un gato anda de puntillas por un arco. Los callejones estrechos alrededor del castillo nos absorban durante un momento, para después de unos minutos liberarnos otra vez. El pueblo está muy tranquilo. Un hombre mayor nos grita amablemente desde su jardín. No estamos inobservados. A esta hora, en esta época del año, no hay ningún extranjero aquí. Inmediatamente, nos han descubierto como turistas extranjeras y siguen observándonos. ¿Si nuestra cámara será capaz de captar la mágica de este lugar? Mejor buscarla por sí mismo.

Arco de piedras

Vupallac nos gusta mucho por su arquitectura antigua.

No hay que quejarse

No lejos de aquí está Canapost con su iglesia románica bonita, dedicada a San Esteban. De aquí, vamos a Peratallada, considerado como joya. Mucha gente viene en verano para visitar esta ciudad. Hoy tampoco somos los únicos en este pueblo, rodeado por murallas, brillando por su estructura medieval tradicional. En el aparcamiento delante todavía no hay que pagar una tarifa. Encontramos fácilmente un estacionamiento libre, entre pocos coches alquilados. Peratallada es famoso por su castillo y la iglesia románica Sant Esteve. Callejeamos por las plazas y calles históricas. En el centro se encuentra muchos restaurantes pequeños, situados en históricas casas de piedra. Las pocas tiendas y boutiques todavía están cerradas. Encontramos una mesa libre en una de las terrazas entre las arcadas de la Plaça de Les Voltes. Es el tiempo ahora para tomar unas tapas y una copa fría de vino blanco. Relajados miramos a la plaza. Un perro está corriendo por arriba y abajo. Está esperando a un bocado caído al suelo. Infortunadamente, no tiene mucha suerte. Su dueño le llama al patio. La dueña del restaurante a frente está buscando clientes en la calle. Hasta ahora, sólo poca gente ha venido para comer aquí. Cuando empieza la temporada, van a lucharse por mesas libres. Pero hoy se disfruta de la lentitud. También, nuestro camarero está muy relajado y sirve despacito a sus pocos clientes en la terraza. Queríamos la desaceleración, así que no quejamos y seguimos descansándonos. El instante es maravilloso y todavía hay mucho para ver.

Plaza grande Peratallada

Relajados disfrutamos de la vista a la plaza.

Huida de los turistas

Después de otro paseo por las calles, nos decidimos ir a Pals. Aquí, nos espera el comercio. En este momento, varios autobuses están aparcando delante del pueblo. Si nos damos prisa, podríamos librarnos de los turistas, estamos pensando. Pero entonces ya pasarán la tranquilidad y desaceleración. De una manera o de otra. Sin embargo, tenemos que echar una vista a las islas Medes y pasear por este lugar pintoresco. Finalmente, encontramos una pequeña cafetería escondida, lejos del barullo y terminamos tranquilamente nuestro viaje con un café con leche. Lentamente, el cielo se colorea de rosa y el sol desaparece detrás de las montañas en el horizonte. Volvemos a la vida real y esperamos tener tiempo para más momentos de desaceleración.

Vista panorámica

Una última vista, después tenemos que volver a casa.

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  1. Pingback: Peratallada - Idilio de piedra con un encanto medieval - Pueblo con historia!

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